lunes, 12 de julio de 2010

El Jardin de las Hadas

Para una amiga muy especial, esta historia es para ti <3

-Hadas... Hadas, que son las Hadas?- Preguntaba un chico a su padre.

Éste no se veía muy ansioso de querer contestar, no cuando en el mundo de los elfos, todos son sabios e inteligentes... no... Preguntas como esa no son necesarias para ellos, entonces, el dijo:

-Querido hijo, ya eres muy inteligente, eres fuerte, eres ágil, las demás chicas te adoran, y ahora, ¿por qué quieres saber sobre las hadas?- Preguntó.

-Papa, podre tener todo lo que cualquier elfo desearía, pero nada de lo que tengo me deja satisfecho, yo quiero, conocer los misterios del mundo- Contestó el hijo.

El padre miro a su hijo y dejo escapar un suspiro, instantáneamente dijo:

-Esas tales hadas no te convienen, mejor no las busques, son engañosas y viven ocultas entre las demás criaturas mágicas, no sé exactamente como son, pero podrían embrujarte para toda la vida, y yo no quiero perderte- Dijo muy preocupado.

Pero el pequeño elfo no quería entender, él deseaba encontrarse con un hada y comprobarlo con sus dos ojos, tanto era así, que su impulso por la búsqueda de estos seres lo llevo a escaparse una noche de luna llena.

Había preparado todo, una mochila con cientos de artefactos elficos los cuales quería mostrarle a la primera hada con la que se topara. Quería compartir con ella, un poco de su cultura, un poco de él y un poco de su identidad, para poderse entender...

Silenciosamente, tomo una cuerda y lentamente bajo el enorme árbol en donde Vivian el y sus padres, cuido el mas mínimo detalle y su emoción por la búsqueda se hacía más intensa.

Dejando su casa, corrió precípitemente por el bosque, salto arboles, cruzo ríos, se adentro en lo profundo del bosque y todavía más lejos, en las profundidades prohibidas, donde se decía, aparecían criaturas desconocidas por los elfos.

Había avanzado mucho, pero ni así el pequeño elfo consiguió avistar a ningún hada.

Cansado y a punto de rendirse, decidió esperar unas cuantas horas en ese mismo lugar, buscó un poco de leña y le prendió fuego para hacer una fogata. Tenía frio y también miedo, no sabía en donde estaba o si saldría vivo de ahí... si alguien o algo lo estaba acechando o si algo o alguien pensaba en devorarlo.

Lo cierto es que la presión en ese lugar era agobiante, insoportable e incontenible, el pequeño elfo sentía como la noche, la oscuridad y todas las tinieblas en acto despiadado lo fueran a asesinar, pero el recordó entonces... a las hadas...

Pensó en el motivo de su viaje y en su deseo por conocerlas... y dejo de sentir miedo.

No mucho tiempo después, las nubes empezaron a tapar a la iluminada luna, encerrándola en el sueño eterno de la noche, y con ella, comenzaron a salir especies extrañas de animales por todos los rincones, cosas que ni el pequeño elfo había imaginado se asomaron para vigilarlo...

El elfo tenia razón, si estaba siendo observado, pero ahora, las criaturas sentían el acobijo de la noche como para acercarse a él, lentamente, gruñendo, imaginando el sabor del joven elfo y pensando en las tantas formas en que lo destrozarían, la maldad y el odio con el que lo miraban...

Hasta que entonces, un haz de luz ilumino la oscuridad... una pequeña niña con alas había salido de un agujero en el centro de un gran árbol, brillaba, pero era más que eso...

-Bestias siniestras... aléjense de el- Dijo la chica.

Los animales, enfurecidos y a punto de atacarlos, gruñían con sobrenatural estruendo, algunos aullaban y otros más erizaban sus pieles ásperas, en señal de advertencia..., querían comer.

El joven elfo dijo:

-Vete de aquí, déjame solo y sálvate, no quiero que mueras conmigo-

Pero la chica no tenía miedo, sabía que no sucedería nada y que los animales del bosque se irían... ella simplemente lo sabía.

Cerró sus ojos y comenzó a volar alrededor del lugar, despidiendo unos polvos dorados por todas partes, calmando completamente a las fieras criaturas.

Tranquilidad, eso era lo que quedo al final, y había sido un regalo por parte del hada, que había salvado al elfo. Estaba agradecido, pero no sabía que decir...

Ella lo miro seriamente, hasta que se acerco a verlo de cerca y dijo:

-Tú eres aquel elfo que me ha estado buscando?- Preguntó.

-Si, yo decidí abandonar mi vida aburrida con tal de buscar a las hadas del bosque, conocerlas me haría comprobar una cosa- Dijo el elfo.

-Y puedes decirme que es?- Volvió a preguntar la pequeña hada.

-Que la verdad yo las amo- Confesó.

Pero ella no lo creía aun...

-Tu?? Un elfo, una criatura que supone despreciar a mi especie... dice que nos ama?- Contestó burlándose. - Eso es para reírse jajaja, de verdad piensas que te voy a creer?-

Y el elfo guardo un minuto de silencio, sin embargo, el continuo:

-Creer en palabras, no es de eso que se trata el amor o sí? es sobre lo que el corazón siente, y yo he estado buscándolas porque estoy siendo guiado por mi corazón...- Contestó.

-Tu y yo somos seres eternos, pero ni toda una vida juntos me haría creer en tus palabras o en tu corazón, yo no lo conozco...- Dijo la hada.

-Dime que es lo que quieres que yo haga, hare cualquier cosa por ti- Dijo el elfo.

-Espérame aquí, en lo que yo voy a contarle a mis amigas hadas lo que he escuchado de ti y cuando todas ellas me digan que tus palabras y tu corazón son sinceros, entonces regresare a este lugar, estás de acuerdo?- Dijo ella.

Y él no lo dudo otro segundo más:

-Si, acepto-

Entonces el hada se fue, y todo volvió a como estaba antes, la noche, la fogata, la sensación de inseguridad, pero, ahora había esta promesa entre los dos, y el único tesoro que por toda su vida había estado buscando.

Esperó una noche, unos días, unos meses, unos años... ahí, en ese lugar, sentado, mirando hacia la luna, saludando al sol todos los días, contando los ciclos pasar, los inviernos, los veranos, las primeras que pasó en ese lugar y el todavía no se daba por vencido, quería verla volver, regresar a él.

Tomó más tiempo aun, cientos y miles de años, la tierra envejeció pero su eterno corazón, que no le había sido concedido por inmortalidad sino por el amor, jamás dejó de latir un segundo por esperarla a ella.

Y lo que se volvió una promeso, se volvió un juramento, un sueño, un futuro que el quería ver llegar, tal vez no en ese momento pero tenia fe en la hada, que se ganaría su confianza y su amor.

Hasta que finalmente pasando siglos de haber esperado, siglos de estar sentado, de haber desafiado y puesto a prueba su inmortal decisión, su cuerpo se volvió piedra. Los arboles, el mismo suelo, todo a su alrededor moría junto con lo último que quedaba de su anhelo.

Entonces el hada bajó de las estrellas, igual como aquel día inmemorable.

Vio al elfo petrificado, ahí donde lo había dejado, en el lugar donde la naturaleza había venido a llevárselo consigo, de nuevo a donde todos los seres vivos pertenecieron, a la Madre Tierra.

A punto de desaparecer, el hada, con sus poderes, revirtió el estado petrificado del elfo, el cual ya era todo un adulto, lo regreso en el tiempo, al misma vida.

-Me has salvado- Dijo el elfo.

-No ha sido así- Dijo el hada.

-Ha sido tu devoción y tu cariño, el que me ha hecho volver por ti, ese amor que tienes, fue el que me trajo de vuelta-

-Y los poderes que te trajeron a la vida, no son ninguna magia que yo misma conozca o entienda, es el poder que habita en nuestros corazones, el que ha burlado los mandatos de la Madre Tierra-

-Y ahora que nos espera- Dijo felizmente el elfo.

-Esta tierra ya dejo de tener vida, el tiempo de los elfos y las hadas se ha terminado siglos atrás, pero nuestro amor ha trascendido el tiempo para estar nuevamente juntos- Dijo el hada.

-Ven conmigo, todo este tiempo he estado preparando un lugar especial para nosotros, un lugar donde los elfos y las hadas podrán creer otra vez en el amor, un lugar al que llamaré, el jardín de las hadas-

Y entonces los dos se tomaron de la mano y volaron como estrellas hacia aquel lugar infinito, destinado para ellos dos, el lugar perfecto para poderse amar.


FIN